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jueves, 24 de octubre de 2019

Una llamada anónima y un breve encuentro en Núñez

Después del mediodía del martes entró una llamada de un número desconocido. "Te van a contactar para pasarte una documentación" fue el mensaje en mi teléfono móvil de una voz masculina que no se identificó. Cinco horas después tenía en mis manos seis cuadernos que, a simple vista, son aquellos con los que trabajamos en 2018.

Quienes nos dedicamos a la investigación periodística solemos tener encuentros de este tipo con diversas fuentes que prometen información. Muchas veces, la mayoría de ellas, no arrojan ningún resultado. A las 20, en una esquina del barrio porteño de Núñez, una persona que no conozco me entregó, en una bolsa blanca, lo que en apariencia eran los originales de seis de los ocho cuadernos que escribió Oscar Centeno, el remisero que tomó nota de la corrupción durante diez años de trabajo en el ex Ministerio de Planificación Federal.


Desde el inicio de la investigación que dio lugar al caso de los cuadernos, a principios de 2018, el trabajo del equipo de LA NACION se concentró en cuadernos idénticos a los que ayer llegaron a mis manos. A mis ojos, son los mismos. Pasó un año y medio desde que devolví los originales a quien había sido mi fuente, Jorge Bacigalupo.
La decisión -el año pasado- había sido ir por el camino de la Justicia, la única que puede descartar o valorar las evidencias. Y, en aras de la transparencia, informar a los lectores en el momento en que la Justicia actuaba.

Ese rumbo es el mismo que LA NACION eligió ayer: entregar al fiscal Carlos Stornelli la documentación, en este caso apenas unas horas después de haberla recibido. No tenía sentido conservarla para investigar su contenido, como habíamos hecho la primera vez.

A las 19.30 del martes esperaba en la esquina porteña en que había quedado con quien me llamó. Hubo una segunda llamada, con la indicación del lugar exacto del encuentro. Jamás había visto antes al hombre. Canoso, de unos 60 años y alrededor de 1,60 metros de altura, vestido con un saco azul y con una mochila negra, apenas me hizo un comentario sobre el tránsito. Fue casi un diálogo sin sentido el que mantuvimos los escasos 30 segundos que duró el encuentro. Él venía del centro, dijo; yo, de Vicente López. "Me dijeron que te entregue esto". Sacó una bolsa de papel y me la dio. "Me tengo que ir porque tengo que regresar al centro", aclaró, sin responder a mis preguntas sobre el contenido de la bolsa y su origen. Tomó su mochila y se fue caminando, presuroso.

A las 19.30 de ayer esperaba en la esquina -cuya ubicación exacta la justicia pidió mantener en reserva- en que había quedado con quien me llamó. Después entró un segundo llamado, con la indicación del lugar exacto del encuentro. Jamás había visto antes al hombre
De inmediato, me paralizó el temor. A partir de ese momento, todos eran sospechosos a mis ojos. Sentía que me miraban de reojo. No pude estar mucho más tiempo en la zona. Busqué el auto, que había estacionado en una cochera cercana, y me fui.


¿Qué hacer con estas pruebas vinculadas al origen de nuestra investigación? ¿Quién fue el que me entregó (o mandó entregarme) la bolsa con el material? Y otra pregunta básica: ¿por qué ahora? La oportunidad, cuatro días antes de las elecciones presidenciales, en las que Cristina Kirchner integra la fórmula favorita en los pronósticos, claramente no parece un hecho en absoluto inocente y que no se puede dejar de poner como inicio de cualquier análisis.

El valor de contar con esta pieza probatoria será motivo de peritajes judiciales. El peso de las copias digitales con las que se inició la causa había sido motivo de enormes debates, al punto de que una parte de la opinión pública, del periodismo y de la clase política prefirió calificarla como "la causa de las fotocopias". No solo fue un tema de redes sociales o posturas sobre las copias o no. Planteos judiciales en ese sentido no tardaron en incorporarse al expediente.
Varias defensas opusieron sus críticas judiciales, procesales o probatorias respecto de la validez de las copias para un proceso penal de esta profundidad. Sin embargo, un juez de primera instancia, Claudio Bonadio, y una sala de la Cámara Federal ya se expidieron sobre el tema y no hicieron lugar a los planteos. "Muchas de las defensas cuestionaron el valor de estos cuadernos como evidencia en el proceso porque no pudieron ser secuestrados. De ahí que se los invoque como 'las fotocopias' o 'las imágenes', en un curioso intento de desprestigio, cuando tal apelativo no deja de reconocer correspondencia con un original del cual es derivación", dijo la Cámara.

"Me dijeron que te entregue esto". Sacó una bolsa de papel y me la dio. "Me tengo que ir porque tengo que regresar al centro", aclaró, sin responder a mis preguntas sobre el contenido de la bolsa y su origen

Se podría alegar, con bastante razón, que
la divulgación de estos cuadernos aporta poco al conocimiento de la trama que ellos documentan. Y es verdad. Una vez que la Justicia verificó con otras fuentes los hechos consignados en sus páginas, las crónicas de Centeno pierden parte de su valor. Sin embargo, hay un detalle que sí otorga valor a la publicación de los originales. El argumento más reiterativo que utilizó el kirchnerismo para menospreciar la información que proporcionaban las anotaciones del remisero consistía en señalar que "se trataba de meras fotocopias". De esa observación, de decirse, al menos, inconsistente, debía inferirse que, si en algún momento aparecían los cuadernos "verdaderos", su contenido ganaría en veracidad. He aquí la paradoja: la publicación, hoy, de estos cuadernos viene a satisfacer una demanda de quienes se sienten perjudicados por ella.

La decisión de publicar esta noticia forma parte de un dilema. A nadie se le escapa que la aparición tiene un efecto electoral, en la medida en que revive una información que, en su momento, tuvo un impacto muy negativo en la imagen y la intención de voto del kirchnerismo. Pero el periodismo está expuesto todo el tiempo a esta contradicción. Son innumerables las ocasiones en que quienes acercan a la prensa una información pretenden obtener un beneficio político con lo que se publica. Muchas veces los periodistas ignoran esa finalidad. En este caso, parece bastante obvia. La forma de resolver esa contradicción no es ocultar a los lectores la novedad que se ha conocido, sino explicitar la intencionalidad de quienes la han proporcionado. La decisión fue entregarlos a la Justicia e informar lo ocurrido a los lectores. No hay nada que ocultar.



Por: Diego Cabot
lanacion.com

domingo, 14 de abril de 2019

El FBI analiza confiscar en Estados Unidos bienes de la corrupción K

La Oficina Federal de Investigaciones de los Estados Unidos analiza confiscar bienes y activos derivados de la corrupción, a raíz del caso del ex secretario de la familia Kirchner Daniel Muñoz.

Según la Justicia argentina Muñoz, quien falleció en 2016, llegó a manejar más de 200 millones de dólares y las primeras inversiones en inmuebles que hizo fueron en Miami, además de la propiedad en el emblemático Hotel Plaza de Nueva York.

Por eso el Departamento de Justicia y FBI abrieron una investigación, según consigna el diario La Nación, en la Sección Lavado de Dinero y Recupero de Activos, bajo el nombre Iniciativa de Recupero de Activos de Cleptocracia.

Un agente de la agencia norteamericana, Jared Randall, estuvo en Buenos Aires reunido con la Unidad de Información Financiera (UIF) y los ministerios nacionales de Justicia y Seguridad donde investigó el caso del ex secretario de los Kirchner, además del caso de los Panamá Papers.

El hombre del FBI solicitó información respecto al caso de "los cuadernos de la corrupción" como empresas involucradas, empresarios, ex funcionarios y financistas arrepentidos.

Elizabeth Ortiz Municoy, esposa de Sergio Todisco, dos declarados testaferros de Muñoz, fue uno de los nombres sobre los que indagó el agente Randall.

La mujer, que se convirtió en arrepentida en Argentina, figura junto a su esposo como titular de sociedades offshore que sacaron cerca de US$ 70 millones de Argentina para invertirlos en inmuebles en Miami y Nueva York.

Las inversiones en las islas de Manhattan despertaron preocupación en las autoridades norteamericanas, debido a que no hubo alerta sobre maniobras de lavado de activos.

El año pasado, la Comisión de Valores de los Estados Unidos y miembros del Departamento de Justicia para indagar respecto al caso de los cuadernos del ex chofer de Planificación Federal, Oscar Centeno.

El agente Randall también se interiorizó respecto a la investigación a cargo del juez Rodolfo Canicoba Corral y el fiscal Guillermo Marijuan sobre las presuntas coimas pagadas por el yacimiento petrolífero Cerro Dragón. Y también sobre la causa sobre los empresarios argentinos Hugo y Mariano Jinkis, cuya extradición reclama Estados Unidos, pero que fue rechazada por el juez federal Claudio Bonadio en 2016.

clarín.com

domingo, 24 de marzo de 2019

Diputados de Cambiemos presentan un pedido para que Stornelli siga al frente de la causa de los cuadernos

La diputada nacional Graciela Ocaña presentará este lunes un escrito al Procurador General, Eduardo Casal, para pedir la la continuidad de los fiscales Carlos Stornelli y Carlos Rívolo al frente de la causa de los cuadernos.

En el escrito, que encabeza Ocaña y lleva la firma de 30 de sus pares de Cambiemos, expresan preocupación por el procedimiento disciplinario que le habría iniciado Casal a Stornelli por pedido del juez Ramos Padilla.

Creen que la sanción "se trataría de un modo de interferir o bloquear indebidamente el excelente trabajo que viene desempeñando en el proceso conocido como ‘Causa de los Cuadernos', que ha puesto en evidencia la trama de corrupción más importante de la historia argentina".

Junto a Ocaña, se reunieron para defender a Stornelli sus pares Fernando Iglesias, Waldo Wolff, Karina Banfi, Héctor "Toty" Flores, Eduardo Amadeo, Cornelia Schmidt Liermann, Álvaro González, José Cano, Pablo Torello, Estela Regidor, Jorge Enríquez, Juan Carlos Villalonga, Eduardo Cáceres, Gonzalo Del Cerro, Marcelo Monfort, Marcelo Wechsler, Samanta Acerenza, Gustavo Menna, Javier Campos, Luis Pastori, Alejandro García, Paula Arroz, Hernán Berisso, Sebastián Bragagnolo, Hugo Marcucci, Federico Zamarbide, Juan Aicega, José Luis Ricardo, Alejandro Echegaray y Horacio Goicoechea.

Al respecto, Ocaña pidió "que D'Alessio no sea el Lagomarsino de Stornelli", en alusión al técnico informático que le entregó un arma al fiscal Nisman, horas antes de que lo encontraran muerto en su domicilio.

"La posibilidad de que la Justicia actúe libremente y sin presiones en este proceso permitirá recuperar para beneficio de todos los ciudadanos de esta república, importantísimas sumas de dinero que han sido desviadas por una matriz de corrupción que históricamente viene afectando la obra pública en nuestro país", indica la carta.

Asimismo, agrega que "la persecución a través de citaciones judiciales a los representantes del Ministerio Público, formaría parte de la maniobra que intentan sectores involucrados en los delitos investigados, para apartarlos de la causa y anular toda la investigación, buscando impunidad a toda costa" y añade que "no debemos ser cómplices de aquellos que se ven amenazados por la llegada de la verdadera justicia, aquella que cumple sus fines republicanos y actúa como un contrapeso o contralor al desvío de la los funcionarios y empresarios corruptos".

"Este caso busca mantener una línea de intimidación a fiscales que empezó con la farsa de enjuiciamiento al Dr. José María Campagnoli, continuó con la trágica muerte del fiscal Alberto Nisman y ahora apunta a deslegitimar la tarea del Dr. Carlos Stornelli, involucrandolo arbitrariamente en una extraña trama delictiva, cuyo eje sería un oscuro personaje como Marcelo D'Alessio" y afirma que a Stornelli "no se le perdona sus prolijas investigaciones de los casos SKANSKA, Río Turbio, armas, mafias de la salud y la actual causa "de los cuadernos", cierra el escrito.

www.lapoliticaonline.com